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El panorama de la medicina física ha experimentado un cambio radical en las dos últimas décadas. Para el profesional clínico, concretamente en los ámbitos de la quiropráctica y la rehabilitación, la evolución de la terapia láser ha pasado de ser una modalidad marginal a convertirse en la piedra angular de la intervención no invasiva. Para comprender la transición de la terapia con láser de baja intensidad (TLBI) al dominio actual de los sistemas de clase 4 es necesario profundizar en la fotobiología, la óptica tisular y las exigencias fisiológicas del paciente moderno.
En el fondo, la eficacia de cualquier nivel bajo aparato de terapia láser o sistema de alta intensidad se basa en el principio de la fotobiomodulación (PBM). No se trata de un efecto térmico en su intención primaria, aunque los láseres de clase 4 utilizan la estimulación térmica controlada como mecanismo secundario. El objetivo son las mitocondrias. Concretamente, el cromóforo citocromo c oxidasa (CCO) dentro de la cadena respiratoria de la mitocondria absorbe fotones en el espectro rojo e infrarrojo cercano.
Cuando un quiropráctico utiliza un protocolo de terapia láser quiropráctica, básicamente está intentando invertir los efectos inhibidores del óxido nítrico (NO) sobre la CCO. En condiciones de patología o isquemia, el NO se une a la CCO, deteniendo la producción de ATP y aumentando el estrés oxidativo. La administración sistemática de la longitud de onda correcta desplaza al NO, permitiendo que el oxígeno se una, restaurando así la síntesis de ATP y desencadenando una cascada de moléculas de señalización secundarias como las especies reactivas de oxígeno (ROS) y el AMP cíclico. Este “reinicio” celular es lo que facilita la reparación acelerada de los tejidos y la modulación de las citoquinas inflamatorias.
Uno de los puntos de confusión más frecuentes en el mercado de venta de láser de clase 4 es la distinción entre potencia y profundidad de penetración. En los primeros tiempos de la TLBI, las máquinas se limitaban a potencias de milivatios (normalmente menos de 500 mW). Aunque estos dispositivos podían tratar eficazmente puntos gatillo superficiales o afecciones cutáneas, a menudo tenían dificultades con los requisitos volumétricos de los problemas musculoesqueléticos profundos, como la bursitis de cadera o la radiculopatía lumbar.
La física de la interacción tisular dicta que, a medida que la luz penetra en la piel, es objeto de dispersión y absorción por cromóforos no diana como la melanina y la hemoglobina. Cuando la luz de un dispositivo de LLLT de 0,5 W alcanza una profundidad de 3-5 cm, la densidad de fotones suele estar por debajo del umbral necesario para provocar una respuesta biológica significativa. Aquí es donde la terapia de alta intensidad, a menudo asociada coloquialmente con el estándar láser LightForce, cambia el resultado clínico.
Al aumentar la potencia de salida a 15 W, 30 W o incluso 60 W, no estamos simplemente “quemando” el tejido. Por el contrario, estamos garantizando que, incluso después de las inevitables pérdidas debidas a la dispersión, una dosis terapéutica (medida en julios/cm²) alcance la patología objetivo. Este es el concepto de “densidad de potencia”. Una mayor densidad de potencia permite al clínico administrar una dosis terapéutica en una fracción del tiempo, lo que es fundamental tanto para el rendimiento clínico como para el cumplimiento del paciente.

Más allá del efecto mitocondrial, la alta intensidad láser para terapia introduce un componente hemodinámico importante. Los sistemas de clase 4 que operan en las longitudes de onda de 980 nm y 1064 nm tienen una gran afinidad por el agua y la hemoglobina. El resultado es una vasodilatación localizada.
Desde una perspectiva quiropráctica, esto tiene un valor incalculable. La terapia quiropráctica con láser suele dirigirse a articulaciones poco vascularizadas o rodeadas de tejido conjuntivo denso. Al inducir la vasodilatación, el láser facilita el “lavado” de mediadores inflamatorios como la bradiquinina y las prostaglandinas, al tiempo que aporta sangre rica en nutrientes al lugar de la reparación. Este efecto sinérgico entre el ajuste mecánico y la estimulación fotoquímica es la razón por la que los sistemas de clase 4 se han convertido en el estándar de oro en las salas de entrenamiento atlético de élite.
El término “láser frío” se acuñó originalmente para diferenciar la TLBI de los láseres quirúrgicos que cortan o cauterizan. Sin embargo, en los círculos de expertos clínicos modernos, este término se considera cada vez más una simplificación excesiva que dificulta la comprensión de las curvas dosis-respuesta. La ley de Arndt-Schulz establece que existe un “punto óptimo” para la estimulación biológica. Demasiada poca energía no produce ningún efecto; demasiada puede ser inhibidora.
Con un láser de clase 4 a la venta hoy en día, el “calor” que siente el paciente no es un subproducto de la ineficacia, sino un elemento terapéutico controlado. Este suave aumento térmico incrementa la energía cinética de las células y mejora la flexibilidad de las fibras de colágeno, haciendo que la manipulación quiropráctica posterior sea más eficaz y menos traumática para el paciente.
Para ilustrar la aplicación práctica de la fotobiomodulación de alta intensidad, examinemos un caso clínico documentado de un hospital de rehabilitación multidisciplinar especializado en la salud de la columna vertebral.
El equipo clínico optó por un protocolo láser de clase 4 de alta intensidad para tratar tanto la inflamación de la raíz nerviosa como la protección muscular paraespinal circundante.
A los 6 meses de seguimiento, el paciente seguía asintomático. La integración de la terapia láser de alta intensidad moduló eficazmente el entorno inflamatorio alrededor de la raíz nerviosa, facilitando la reabsorción natural del material discal (una posibilidad biológica conocida cuando se optimiza el metabolismo local). El paciente evitó la intervención quirúrgica y se reincorporó a sus actividades profesionales.
Al evaluar un láser de clase 4 en venta, los clínicos deben mirar más allá de la potencia máxima e investigar los modos de suministro. La onda continua (CW) es excepcional para suministrar altos julios rápidamente, lo cual es necesario para la modulación térmica de la fascia densa. Sin embargo, los modos superpulsado o pulsado tradicional suelen ser superiores para el dolor neuropático.
La pulsación del láser permite un “tiempo de relajación térmica”, evitando la acumulación de calor en las capas superficiales de melanina y permitiendo al mismo tiempo que los fotones de alta potencia penetren más profundamente. Esto es especialmente relevante en la terapia láser quiropráctica cuando se trata la columna cervical, donde las capas de tejido son más finas y la proximidad a la cadena simpática requiere precisión.
La comunidad científica ha abandonado en gran medida la ambigua “terapia láser” en favor de la Terapia de fotobiomodulación (PBM). Este término engloba el verdadero mecanismo: la modulación de los procesos biológicos a través de la luz. En el contexto de Terapia láser de alta intensidad (HILT), estamos ante un subconjunto de PBM que utiliza la potencia de los sistemas de clase 4 para alcanzar profundidades antes inalcanzables.
Además, en el ámbito de la rehabilitación musculoesquelética, El láser rara vez es una monoterapia. Su verdadero valor reside en su capacidad para “cebar” el tejido. Al reducir el dolor y la inflamación mediante la inhibición de las fibras C y la activación del sistema linfático, la terapia láser crea una ventana fisiológica en la que el ejercicio correctivo y la terapia manual se toleran mejor y son más eficaces.
A medida que aumenta la potencia, también lo hace la responsabilidad del clínico. Un láser de clase 4 puede causar daños oculares permanentes si se refleja. Por lo tanto, debe conocerse y respetarse la “Distancia Nominal de Peligro Ocular” (NOHD). Cualquier centro que ofrezca terapia quiropráctica con láser debe cumplir normas de seguridad estrictas, incluido el uso de gafas de seguridad específicas para la longitud de onda, tanto para el profesional como para el paciente.
Además, la interfaz piel-láser es fundamental. A diferencia de un dispositivo de terapia láser de baja intensidad que puede utilizarse en modo estático “apuntar y disparar”, los láseres de clase 4 requieren una técnica de barrido. Este movimiento constante evita la creación de “puntos calientes” y garantiza una distribución homogénea de la energía en todo el volumen objetivo.
La próxima frontera de la tecnología láser es la “dosimetría inteligente”. Nos estamos alejando de los protocolos de “talla única”. Los futuros sistemas incorporarán probablemente sensores del tono de la piel y retroalimentación térmica en tiempo real para ajustar la potencia de salida de forma dinámica. Esto garantiza que un paciente con un mayor contenido de melanina (que absorbe más luz en la superficie) reciba la misma dosis en los tejidos profundos que un paciente de piel clara, sin riesgo de sobrecalentamiento epidérmico.
Para el profesional, la inversión en un sistema de Clase 4 es una inversión en seguridad clínica. Aunque la LLLT sigue teniendo cabida en la curación de heridas superficiales y en aplicaciones dermatológicas específicas, las exigencias de una clínica quiropráctica o de medicina deportiva de gran actividad requieren la potencia y la profundidad que sólo pueden proporcionar los sistemas de alta intensidad.
P: ¿Es peligroso el calor producido por un láser de clase 4 en caso de inflamación aguda? R: Cuando se utiliza correctamente con una técnica de exploración, el calor es terapéutico. Sin embargo, en las primeras 24 horas de una lesión aguda, los médicos suelen utilizar un modo pulsado de alta frecuencia para minimizar la acumulación térmica sin perder el efecto analgésico.
P: ¿Puede utilizarse la terapia láser sobre implantes metálicos o prótesis articulares? R: Sí. A diferencia de los ultrasonidos, que pueden causar “dolor perióstico” debido a la reflexión de las ondas sonoras en el metal, la luz láser no se refleja del mismo modo en los implantes internos. En general se considera segura, aunque el clínico debe evitar la aplicación estática de alta potencia directamente sobre la zona.
P: ¿Cuántas sesiones suelen ser necesarias antes de que el paciente note una diferencia? R: Aunque algunos pacientes sienten un alivio inmediato debido a la supresión de los nociceptores, la mayoría de las afecciones crónicas requieren de 4 a 6 sesiones para observar un cambio biológico acumulativo en el ciclo de reparación de los tejidos.
P: ¿Es Terapia láser de clase 4 ¿Cubierto por el seguro? R: La cobertura varía según la región y el proveedor. Muchas clínicas lo ofrecen como servicio adicional de pago en efectivo, a menudo junto con ajustes quiroprácticos o sesiones de fisioterapia, debido a su gran eficacia y a la demanda de los pacientes.
P: ¿En qué se diferencia el estilo de tratamiento “LightForce” de la LLLT tradicional? R: La principal diferencia es la “tasa de dosis”. Los sistemas de alta potencia pueden suministrar 10.000 julios en 10 minutos, mientras que un dispositivo de LLLT tradicional puede tardar horas en suministrar la misma cantidad de energía, lo que lo hace poco práctico para el trabajo clínico en tejidos profundos.
En conclusión, la transición a los sistemas láser de alta intensidad representa la maduración de la fotobiología en la práctica clínica. Al comprender la física de los láseres de clase 4 y los imperativos biológicos de la fotobiomodulación, los profesionales pueden ofrecer un nivel de atención que supera con creces las modalidades tradicionales.
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