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La transición de la terapia láser de baja intensidad (TLBI) a la terapia láser de clase IV de alta potencia representa un cambio fundamental en el enfoque de la fotobiomodulación y la precisión quirúrgica. En el contexto de las normas clínicas de 2026, un láser de clase IV -definido como cualquier sistema que emita una potencia superior a 0,5 vatios- ya no es simplemente una clasificación de riesgo, sino un punto de referencia para la capacidad terapéutica y quirúrgica. La capacidad de suministrar una alta densidad de fotones a los tejidos profundos ha revolucionado el tratamiento del dolor crónico y la realización de cirugías mínimamente invasivas.
La principal característica de los sistemas de clase IV es su capacidad para superar la “barrera óptica” de la piel y las capas subcutáneas. Mientras que los láseres de clase IIIb no suelen suministrar suficiente energía a estructuras como las facetas lumbares o las redes vasculares profundas debido a la dispersión y absorción en la dermis superficial, los láseres de diodo de clase IV proporcionan la irradiancia necesaria para alcanzar umbrales terapéuticos en ventanas de tratamiento significativamente más cortas. Este artículo evalúa la eficacia clínica, la interacción biológica y los protocolos operativos normalizados de estos sistemas de alta potencia.
Comprender el éxito clínico de un terapia láser clase 4 requiere profundizar en las características específicas de absorción de las longitudes de onda médicas. En la cirugía moderna y terapia láser de tejido profundo, utilizamos principalmente longitudes de onda en la “ventana óptica” (650 nm a 1100 nm) y los picos de agua de alta absorción (1470 nm y 1940 nm).
La eficacia de un sistema láser de clase iv viene dictada por su cromóforo objetivo. En aplicaciones quirúrgicas, como la ablación endovenosa por láser o la escisión de tejidos blandos, se favorece la longitud de onda de 1470 nm debido a su alta absorción en agua y fluido intracelular. Esto permite una vaporización precisa con una capa de carbonización muy fina, que es esencial para proteger las fibras nerviosas circundantes y reducir el edema postoperatorio.
Para aliviar el dolor y reparar los tejidos profundos, se utilizan longitudes de onda de 810 nm y 980 nm. La longitud de onda de 810 nm tiene una afinidad única por la citocromo C oxidasa, la enzima terminal de la cadena mitocondrial de transporte de electrones. Al aumentar el estado energético de esta enzima, el láser facilita un aumento de la producción de ATP, lo que acelera la reparación celular y modula la cascada inflamatoria.

Una preocupación crítica para el cirujano clínico es la gestión del Tiempo de Relajación Térmica (TRT). Cuando se utiliza un láser de clase iv en un entorno quirúrgico, la densidad de potencia debe ser lo suficientemente alta como para lograr el efecto deseado (ablación o coagulación), mientras que la duración del pulso o la velocidad de movimiento deben calibrarse para evitar que el calor se difunda en el tejido sano circundante. En la terapia láser de tejidos profundos, esto se consigue mediante técnicas de “escaneado” o piezas de mano especializadas que distribuyen la energía sobre una superficie mayor para evitar el sobrecalentamiento epidérmico, manteniendo al mismo tiempo un elevado aporte de julios a la fascia subyacente.
Para lograr tasas de éxito constantes y minimizar las complicaciones, los médicos deben seguir protocolos operativos rigurosos. Estos protocolos difieren significativamente entre las aplicaciones quirúrgicas “térmicas” y las aplicaciones terapéuticas “no térmicas”.
Para procedimientos como la lipólisis asistida por láser o la ablación vascular, se establecen los siguientes parámetros como patrón oro en 2026:
Cuando se utiliza un láser para aliviar el dolor de forma no quirúrgica, la atención se centra en el suministro de julios y la irradiancia ($W/cm^2$):
Este análisis de caso proporciona una visión detallada de la aplicación clínica del sistema FotonMedix 1470nm Clase IV en un entorno hospitalario.
Varón de 55 años con insuficiencia venosa crónica (IVC) de grado 3 según la clasificación CEAP (C3,S,Ep,As,p,Pr). El paciente refería pesadez persistente, dolor y edema importante en la extremidad inferior derecha. La ecografía dúplex confirmó reflujo en la vena safena mayor (GSV) con un diámetro de 9,2 mm en la unión safenofemoral.
El procedimiento se realizó bajo anestesia local tumescente utilizando una fibra de emisión radial 400$\mu$m.
La fibra radial garantizó que la energía se dirigiera circunferencialmente contra la pared de la vena y no en la punta, lo que reduce significativamente el riesgo de equimosis (hematomas) postoperatoria.
Para evitar la trombosis venosa profunda (TVP), la fibra láser se colocó exactamente 2 cm distal a la unión safenofemoral. El uso de líquido tumescente (solución salina fría mezclada con lidocaína y epinefrina) proporcionó una barrera de seguridad de 10 mm entre la vena y la piel.
La integración de un láser de clase iv en el flujo de trabajo de una clínica ofrece ventajas cuantificables frente a los métodos quirúrgicos y terapéuticos tradicionales.
| Característica | Cirugía tradicional / Clase IIIb | Láser de clase IV (diodo) |
| Profundidad de penetración | Limitado (< 2 cm) | Profundo (hasta 10-12 cm) |
| Tiempo de tratamiento | 20-30 minutos | 5-10 minutos |
| Hemostasia | Manual / Electrocauterio | Inmediato / Fototérmico |
| Tiempo de recuperación | 1-2 semanas | 24-48 horas |
| Confort del paciente | Dolor Variable / Alto | Dolor alto / bajo constante |
La elevada potencia de salida de un sistema láser de clase iv permite a los clínicos alcanzar más rápidamente el “punto de saturación” del tejido diana. En términos terapéuticos, esto significa que la respuesta biológica (PBM) se desencadena con mayor eficacia, lo que conduce a una resolución más rápida de los marcadores inflamatorios como la prostaglandina E2 y la interleucina-1.
En la cirugía láser vascular y proctológica, la recidiva casi siempre está relacionada con un suministro de energía insuficiente (LEED bajo) o una selección inadecuada de la longitud de onda. El uso de un láser de 980 nm para las venas suele requerir una mayor potencia, lo que aumenta el riesgo de dolor y hematomas. El cambio a un sistema de 1470 nm a 10 W-15 W ha demostrado reducir las tasas de recurrencia a menos de 2% en estudios a largo plazo.
Sí. Los sistemas modernos de clase IV utilizan modos “pulsados” o sensores avanzados para controlar la temperatura de la piel. Además, el uso de puntos de mayor tamaño (hasta 30 mm) reduce la irradiancia en la superficie al tiempo que mantiene una potencia total elevada, lo que garantiza que la energía llegue a los tejidos profundos sin causar quemaduras epidérmicas.
La anestesia local tumescente es la norma de referencia para la cirugía láser ambulatoria. Para las sesiones terapéuticas de tejidos profundos (alivio del dolor), no se requiere anestesia, ya que la sensación suele describirse como un “calor calmante”. Si un paciente siente un calor “agudo”, la irradiancia es demasiado alta o la pieza de mano se mueve demasiado despacio.
El agua absorbe 40 veces mejor la longitud de onda de 1470 nm que la de 980 nm. Esto significa que la energía queda “atrapada” en el tejido diana rico en agua (como la pared venosa o el tejido hemorroidal) y no llega tan lejos hasta el tejido conjuntivo circundante, donde se encuentran los nervios. Esta “penetración controlada” es la clave de la seguridad clínica.
Los láseres de diodo de clase IV son de estado sólido y extremadamente duraderos. El mantenimiento principal consiste en comprobar la integridad de las fibras ópticas y asegurarse de que los ventiladores de refrigeración están libres de polvo. Se recomiendan comprobaciones de calibración anuales para garantizar que la potencia de salida en la punta de la fibra coincida con la pantalla de la consola.
Los datos clínicos de 2026 confirman que la tecnología láser de clase IV es la piedra angular de la medicina moderna mínimamente invasiva. Tanto si el objetivo es la ablación de tejido enfermo como la estimulación de la reparación celular mediante terapia láser de tejido profundo, el sistema de diodo de alta potencia proporciona un nivel de precisión y eficacia que los métodos tradicionales no pueden igualar. Al dominar los protocolos de selección de longitud de onda, densidad de potencia y suministro de energía, los médicos pueden ofrecer a sus pacientes procedimientos más seguros, recuperaciones más rápidas y resultados superiores a largo plazo.
A medida que las clínicas ambulatorias sigan evolucionando, la capacidad de realizar intervenciones complejas con un “láser para aliviar el dolor” o un diodo quirúrgico de alta precisión será el principal elemento diferenciador en el mercado de la asistencia sanitaria. La transición a la clase IV no es sólo una mejora tecnológica, sino un compromiso con el más alto nivel de atención clínica basada en pruebas.
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