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La integración de fuentes de luz coherentes y no coherentes en la práctica clínica moderna ha experimentado un cambio de paradigma. Más allá de las aplicaciones rudimentarias de “bajo nivel” de finales del siglo XX, la medicina regenerativa contemporánea depende ahora en gran medida del despliegue sofisticado de sistemas de alta intensidad. Esta evolución se centra en la transición de la bioestimulación superficial a la fotobiomodulación de tejidos profundos (PBM), un campo en el que la distinción entre un dispositivo estándar de luz roja y un láser médico de alta energía determina la diferencia entre el confort paliativo y el auténtico restablecimiento fisiológico.
Para entender por qué un láser para el tratamiento del dolor ya no es una modalidad “válida para todos”, hay que examinar la intersección de la física óptica y la biología celular. La aplicación terapéutica de la luz, especialmente en la “ventana óptica” de 600 a 1100 nm, aprovecha la capacidad única de los fotones para modular la señalización intracelular sin necesidad de intervención farmacológica.
Si bien la terapia con luz roja láser ha ganado terreno en el bienestar de los consumidores, su aplicación clínica en un entorno médico profesional requiere un umbral mucho más alto de suministro de energía. El cromóforo principal de la PBM en los tejidos de mamíferos es la citocromo c oxidasa (CCO), la enzima terminal de la cadena mitocondrial de transporte de electrones. Cuando la CCO absorbe longitudes de onda específicas, normalmente en el espectro infrarrojo cercano (NIR), facilitan la disociación del óxido nítrico (NO) inhibidor.
Esta disociación es la “llave maestra” de terapia láser. Al eliminar el NO, aumenta el consumo de oxígeno y se acelera la producción de trifosfato de adenosina (ATP). Desde una perspectiva clínica, esto se traduce en una afluencia masiva de energía celular disponible para la síntesis de ADN, la producción de colágeno y la reparación de tejidos. Sin embargo, la eficacia de este proceso depende totalmente de la “densidad de potencia” (irradiancia) que alcanza el tejido diana. Aquí es donde el tratamiento con láser de clase 4 se diferencia de las alternativas de menor potencia.
La fototerapia superficial con luz roja (a menudo 630 nm-660 nm) es muy eficaz para la cicatrización epidérmica y las afecciones dermatológicas. Sin embargo, los fotones de esta gama son rápidamente dispersados y absorbidos por la melanina y la hemoglobina. Para un clínico que trata una hernia discal, un punto gatillo profundamente arraigado o una inflamación osteoartrítica crónica de la cadera, la potencia de un láser médico debe ser suficiente para superar el “coeficiente de extinción” de los tejidos suprayacentes.

La clasificación de los láseres se basa principalmente en su potencial de daño ocular, pero en un contexto terapéutico, la Clase 4 indica una potencia de salida superior a 0,5 vatios. Los sistemas modernos de terapia láser de alta intensidad (HILT) suelen funcionar entre 10 y 30 vatios. Este aumento de potencia no se refiere sólo a “más energía”, sino también a la “velocidad de entrega” y a la “profundidad de penetración”.”
Un láser médico profesional para el tratamiento del dolor rara vez se basa en una única longitud de onda. En su lugar, utiliza un enfoque multi-longitud de onda para dirigirse simultáneamente a diferentes respuestas biológicas:
Mediante la combinación de estas longitudes de onda, un tratamiento con láser de clase 4 puede tratar la “sopa” inflamatoria de una lesión crónica y, al mismo tiempo, estimular la reparación estructural subyacente.
Un error común es creer que los láseres de alta potencia conllevan un riesgo de lesión térmica. Aunque un láser de clase 4 es capaz de generar un calor considerable, los protocolos clínicos avanzados utilizan modos “pulsantes” o “superpulsantes”. Ajustando la frecuencia ($Hz$) y el ciclo de trabajo, los médicos pueden suministrar una dosis total de energía elevada (julios) y permitir al mismo tiempo la “relajación térmica” del tejido. De este modo se evita la acumulación de calor en la superficie de la piel y se garantiza que las mitocondrias profundas reciban una “densidad de fotones” suficiente para activar el umbral terapéutico.
Durante años, la terapia con láser de baja intensidad (TLBI), o láser de clase 3b, fue el patrón oro. Sin embargo, las limitaciones clínicas de la TLBI se hacen evidentes cuando se tratan grandes grupos musculares o articulaciones profundas. Un láser de clase 3b puede necesitar entre 30 y 60 minutos para administrar una dosis terapéutica de 1.000 julios en la zona lumbar. Un láser médico de clase 4 puede administrar esa misma dosis en 5 a 10 minutos con una penetración significativamente mejor.
La “Ley de Arndt-Schulz” se cita a menudo en biología láser: un estímulo pequeño puede provocar una respuesta biológica, pero un estímulo demasiado débil no tendrá ningún efecto. En la patología de los tejidos profundos, la dispersión de los fotones significa que sólo una fracción de la luz emitida desde la superficie alcanza el objetivo. Los sistemas de clase 4 garantizan que, incluso después de una dispersión y absorción significativas por las capas superficiales, la densidad de fotones restante sigue estando dentro de la ventana terapéutica para la bioestimulación.
Para ilustrar la aplicación práctica de estos principios, consideremos un escenario clínico real en el que interviene un paciente en el que ha fracasado el tratamiento conservador tradicional.
La paciente presentaba una puntuación de dolor de 8/10 en la escala analógica visual (EAV). La exploración clínica reveló una disminución de la amplitud de movimiento en flexión lumbar y una prueba positiva de elevación de la pierna recta a 45 grados. El objetivo era reducir la inflamación neural, modular la señalización nociceptiva y promover la reabsorción de la protrusión discal mediante el aumento de la actividad metabólica.
El tratamiento se administró utilizando un láser médico de alta intensidad con una configuración de triple longitud de onda. Se utilizó el siguiente protocolo durante 10 sesiones a lo largo de 4 semanas:
| Parámetro | Ajuste / Valor | Justificación clínica |
| Longitud de onda | 810nm / 980nm / 1064nm (simultáneos) | Centrarse en la CCO, facilitar la vasodilatación y maximizar la profundidad. |
| Potencia de salida | 15 vatios (media) | Irradiación suficiente para alcanzar 5-7 cm de profundidad. |
| Modo de funcionamiento | CW (onda continua) + pulsada (20 Hz) | CW para la activación térmica del dolor; Pulsada para la bioestimulación. |
| Densidad energética | 12 J/cm² | Optimizado para la inflamación crónica de tejidos profundos. |
| Dosis total por sesión | 6.000 julios | Cobertura completa de los músculos L4-S1 y paraespinales. |
| Tiempo de tratamiento | 12 minutos | Alta eficacia en comparación con la LLLT. |
A los 6 meses de seguimiento, el paciente seguía asintomático y se había reincorporado a su trabajo. Este caso demuestra que un tratamiento con láser de clase 4 de alta intensidad puede tener éxito allí donde fracasan las modalidades de menor energía. Al administrar una dosis masiva de fotones directamente en el lugar del pinzamiento del nervio y la patología discal, el láser facilitó un entorno regenerativo que permitió al organismo resolver la irritación mecánica y química de la raíz nerviosa.
El campo del “láser para el tratamiento del dolor” se está expandiendo rápidamente en tres subsectores específicos que suscitan un gran interés clínico y un elevado volumen de búsquedas:
HILT ya no es sólo una tendencia; se está convirtiendo en un estándar en medicina deportiva. A diferencia del lento método de “acumulación” de los láseres más antiguos, HILT crea un efecto “fotomecánico”. Esta entrega rápida de energía crea una onda de presión menor en el tejido, que es particularmente eficaz para romper las adherencias fibróticas en tendinopatías crónicas (por ejemplo, tendinitis de Aquiles o fascitis plantar).
El término “fotobiomodulación” ha sustituido oficialmente a LLLT en la literatura médica. Este cambio refleja una comprensión más profunda de que la luz no sólo “calienta” el tejido, sino que lo “modula”. Los protocolos modernos de PBM se están investigando por sus cualidades neuroprotectoras. Cada vez hay más pruebas de que las aplicaciones de láser médico sobre las arterias carótidas o directamente en el cráneo (PBM transcraneal) pueden ayudar en la recuperación de lesiones cerebrales traumáticas y afecciones neurodegenerativas al mejorar el flujo sanguíneo cerebral y reducir la neuroinflamación.
Los clínicos son cada vez más exigentes con la física de sus equipos. La “ventana óptica” (entre 600 y 1200 nm) es el rango en el que el tejido humano es más “translúcido” a la luz. En concreto, 810 nm es el “punto óptimo” para una penetración profunda con una absorción mínima por el agua o la melanina. Conocer la profundidad de penetración es fundamental para tratar afecciones como la profilaxis de la “trombosis venosa profunda” (TVP) o la bursitis profunda de cadera.
Aunque un tratamiento con láser de clase 4 no es invasivo, su alta densidad de potencia requiere estrictos protocolos de seguridad. Por ello, estos dispositivos se clasifican como láseres médicos y deben ser manejados por profesionales cualificados.
La comunidad médica se enfrenta a una necesidad urgente de estrategias eficaces de tratamiento del dolor sin opiáceos. El láser médico de clase 4 representa una de las soluciones más prometedoras en este empeño. Aprovechando los principios de la fotobiomodulación, los médicos pueden ofrecer a los pacientes un tratamiento que no se limita a enmascarar el dolor, sino que promueve activamente la reparación del tejido subyacente.
A medida que avancemos hacia 2026 y más allá, el perfeccionamiento del láser para el tratamiento del dolor implicará probablemente una dosificación más personalizada. Los sensores de retroalimentación en tiempo real que miden la temperatura del tejido y el “retorno de fotones” permitirán que los dispositivos ajusten automáticamente su potencia para lograr la máxima eficacia. Por el momento, la evidencia es clara: para el dolor profundo, crónico y complejo, el enfoque de alta energía y longitud de onda múltiple de Terapia láser de clase 4 es el patrón oro clínico.
¿Es el tratamiento con láser de clase 4 mejor que la fototerapia con luz roja para los tejidos profundos?
Sí. Aunque la fototerapia con luz roja es excelente para la salud de la piel y la inflamación superficial, carece de la potencia y la penetración de longitud de onda necesarias para llegar a los músculos profundos, los tendones o las articulaciones. Un láser médico de clase 4 proporciona la irradiancia necesaria para garantizar que la energía terapéutica alcance el tejido diana entre 5 y 10 centímetros por debajo de la piel.
¿Cuántas sesiones de terapia láser médica suelen ser necesarias?
Mientras que algunos pacientes sienten un alivio inmediato debido al efecto de “bloqueo del dolor” de la longitud de onda de 980 nm, los efectos biológicos acumulativos de la PBM suelen requerir de 6 a 12 sesiones para las afecciones crónicas.
¿Tiene efectos secundarios el tratamiento del dolor con láser?
Cuando la realiza un profesional, los efectos secundarios son poco frecuentes. Algunos pacientes pueden experimentar una “reagudización” temporal de los síntomas al aumentar el flujo sanguíneo y eliminarse de la zona los productos de desecho celular, pero suele remitir en 24 horas.
¿Pueden utilizarse láseres de clase 4 sobre implantes metálicos?
Sí. A diferencia de la diatermia o los ultrasonidos, la luz láser no calienta los implantes metálicos de forma significativa. Es seguro utilizarla sobre prótesis articulares, placas y tornillos, lo que la convierte en una excelente herramienta de rehabilitación posquirúrgica.
¿Por qué se considera que 810 nm es la longitud de onda más importante en un láser médico?
La longitud de onda de 810 nm tiene la tasa de absorción más baja en el agua y la hemoglobina en relación con su alta absorción en el citocromo C oxidasa. Esto le permite penetrar más profundamente en el cuerpo y entregar la mayor cantidad de “combustible” a las mitocondrias para la reparación celular.
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