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El tratamiento de las patologías articulares profundas, en concreto la artrosis de cadera, representa uno de los retos más importantes de la ortopedia moderna. A diferencia de la rodilla o de las pequeñas articulaciones de la mano, la cadera está envuelta por algunas de las estructuras musculares y capsulares más densas del cuerpo humano. Esta realidad anatómica dicta que cualquier intervención no invasiva debe poseer propiedades físicas suficientes para sortear estas barreras. Al analizar el panorama clínico, tratamiento con láser de tejido profundo ha surgido no sólo como modalidad complementaria, sino como motor principal de la regeneración biológica y la restauración funcional.
Para comprender la eficacia de esta intervención, primero debemos adoptar una perspectiva clínica rigurosa: debemos preguntarnos si los resultados actuales en el tratamiento de la artritis son realmente satisfactorios y, a continuación, debemos preguntarnos por qué la tecnología láser es capaz de alterar estos resultados.
En la práctica clínica, los facultativos se encuentran a menudo con un “fracaso terapéutico” cuando utilizan láseres de baja potencia para las afecciones de cadera. El motivo no es el fallo de la fotobiomodulación en sí, sino un fallo físico, concretamente, el hecho de no alcanzar el “umbral terapéutico” a la profundidad deseada. La articulación de la cadera puede encontrarse entre 10 y 15 centímetros por debajo de la superficie de la piel, en función del índice de masa corporal (IMC) del paciente.
Cuando la luz interactúa con un tejido biológico, sufre cuatro interacciones principales: reflexión, absorción, dispersión y transmisión. En el caso de terapia láser para la artritis en la cadera, la dispersión es el principal enemigo. La mayoría de los fotones de 600 nm-700 nm (luz roja) son absorbidos por la melanina o se dispersan en los primeros milímetros de la dermis. Incluso los láseres estándar de clase IIIb de 810 nm (normalmente de menos de 0,5 vatios) carecen de la “presión de fotones” necesaria para impulsar una dosis suficiente a través de la musculatura glútea.
El tratamiento con láser de tejido profundo que utiliza tecnología de clase IV (de 5 vatios a 30 vatios o más) supera este problema manteniendo una irradiancia elevada ($W/cm^2$). Esta elevada densidad de potencia garantiza que, tras las inevitables pérdidas debidas a la dispersión tisular, una cantidad fisiológicamente significativa de energía -típicamente entre 4 y 10 julios por centímetro cuadrado- alcance realmente la membrana sinovial y el hueso subcondral.
Si bien la estimulación de la citocromo c oxidasa y el consiguiente aumento de la producción de ATP están bien documentados, una comprensión clínica más avanzada de la cómo funciona la terapia láser implica la modulación de los canales iónicos y la estabilización del estado redox celular.
Las investigaciones sobre la terapia láser de alta intensidad indican que los fotones del espectro infrarrojo cercano (NIR) influyen en la permeabilidad de las membranas mitocondriales y celulares. Al modular los canales iónicos del calcio ($Ca^{2+}$), la terapia láser desencadena una cascada de mensajeros secundarios. Este flujo de iones de calcio en el citoplasma activa las proteínas quinasas, que a su vez regulan la expresión génica. En una articulación osteoartrítica, esto significa una regulación a la baja de los genes proinflamatorios y una regulación al alza de los genes responsables de la síntesis de glicosaminoglicanos (GAG) y colágeno de tipo II.
El dolor crónico de la artritis suele perpetuarse por la “sensibilización periférica”, en la que los nociceptores (neuronas que detectan el dolor) se vuelven hiperreactivos. La energía de alta intensidad suministrada durante una sesión de tejido profundo induce una supresión transitoria y reversible de la velocidad de conducción nerviosa en las fibras A-delta y C. Y lo que es más importante, ayuda a restablecer el potencial de membrana en reposo de las neuronas. Y lo que es más importante, ayuda a restablecer el potencial de membrana en reposo de estos nervios, con lo que se “restablece” el umbral del dolor. Por este motivo, los pacientes suelen referir una profunda reducción del dolor “punzante” inmediatamente después de una sesión de alta potencia.
Un error crítico en el tratamiento de la artritis es centrarse únicamente en el espacio articular. En los casos de degeneración de la cadera, toda la cadena cinética -incluida la columna lumbar, la articulación sacroilíaca y la rodilla- se ve comprometida debido a patrones de marcha compensatorios.
Tratamiento con láser de tejidos profundos debe aplicarse como una “Intervención Regional”. Al tratar la articulación primaria y los músculos compensatorios secundarios (como el piriforme, el psoas y el tensor de la fascia lata), el clínico aborda la disfunción global. Este enfoque integral es esencial para lograr una eficacia clínica del láser de clase IV intervención.

Para ampliar el alcance de estos datos clínicos, debemos integrar conceptos semánticos de alto tráfico que resuenen tanto en los pacientes como en los médicos remitentes:
El siguiente estudio de caso ilustra la aplicación de la terapia láser de alta fluencia en un paciente en el que había fracasado el tratamiento conservador tradicional y que buscaba retrasar la intervención quirúrgica.
La exploración física reveló un “signo de Trendelenburg” significativo (caída de la pelvis durante la postura con una sola pierna) y una prueba FADIR (flexión, aducción, rotación interna) positiva. La amplitud de movimiento (ROM) era limitada: flexión a 95°, rotación interna a 10°. Las radiografías mostraban un estrechamiento del espacio articular en el cuadrante superior-lateral y esclerosis subcondral.
El protocolo se diseñó para abordar tres capas distintas: la musculatura superficial, la cápsula articular profunda y el suministro neural.
| Parámetro | Fase A: Superficial/Muscular | Fase B: Capsular profunda/Intraarticular | Fase C: Neural/Radicular |
| Longitud de onda | 915nm & 980nm (Vascular) | 1064nm (Profundidad máxima) | 810nm (Neural/ATP) |
| Potencia de salida | 15 vatios | 25 vatios | 10 vatios |
| Modo | Pulsado (100 Hz) | Onda continua (CW) | Pulsado (500 Hz) |
| Tiempo por sesión | 5 minutos | 8 minutos | 3 minutos |
| Energía total (julios) | 4,500 J | 12,000 J | 1,800 J |
| Área objetivo | Glúteo medio / TFL | Cabeza femoral / Cápsula articular | Salida del nervio ciático/femoral |
A los 6 meses de seguimiento, el paciente mantenía una puntuación VAS de 1/10 (inferior a 7/10). Las imágenes de seguimiento no mostraron más progresión del estrechamiento del espacio articular. La paciente evitó con éxito la cirugía de rejuvenecimiento de cadera programada. La combinación de un alto vataje y la longitud de onda específica de 1064 nm se consideró el “factor crítico de éxito” para alcanzar el tejido intraarticular profundo.
Al debatir cómo funciona la terapia láser Para las articulaciones profundas, debemos hacer hincapié en el “producto dosis-área”. En una articulación de cadera, la zona objetivo es grande. Un pequeño punto láser de 1 cm de diámetro es insuficiente. Un tratamiento con láser de tejido profundo utiliza un espaciador de gran diámetro (aprox. 3-4 cm) para administrar un gran volumen de fotones en toda la región trocantérea e inguinal.
Es importante manejar las expectativas: la terapia láser no “regenera” una articulación completamente destruida en un caso de Grado IV. Sin embargo, para la artritis de grado I-III, estimula los condrocitos (células del cartílago) para aumentar la producción de matriz extracelular. El entorno de la articulación pasa de ser “catabólico” (se descompone) a ser “anabólico” (se refuerza).
Sí. El PBM no tiene efectos secundarios sistémicos conocidos y no interactúa con medicamentos como los anticoagulantes o los fármacos para la diabetes. Suele ser la opción más segura para los pacientes ancianos que no toleran los efectos secundarios gástricos o cardíacos de los AINE o los riesgos de la cirugía.
Los pacientes deben sentir un calor suave y relajante. Si el paciente siente una sensación de “escozor” o “calor”, la densidad de potencia es demasiado alta para ese tipo específico de piel, o el aplicador se está moviendo demasiado despacio. El objetivo es el “calor terapéutico”, no el calor.
A diferencia de una inyección de cortisona, que desaparece al metabolizarse la sustancia química, los efectos de la terapia láser son acumulativos y biológicos. Al reducir la inflamación subyacente y mejorar la salud de los tejidos, los resultados pueden durar meses o incluso años, siempre que el paciente mantenga una biomecánica adecuada y realice ejercicios de fortalecimiento.
La integración de tratamiento con láser de tejido profundo en el tratamiento estándar de la artritis representa una victoria para la medicina biológica. Nos estamos alejando del modelo de “destrucción-reemplazo” de la ortopedia y acercándonos a un modelo de “preservación-regeneración”.
Para la clínica moderna, la atención debe centrarse en la precisión de la dosis. Utilizando las longitudes de onda específicas de 810 nm, 980 nm y 1064 nm a niveles de potencia elevados, podemos garantizar que cada fotón administrado sea un fotón que contribuya a la recuperación del paciente. La articulación de la cadera, que antes se consideraba demasiado profunda para la terapia basada en la luz, es ahora una de nuestras fronteras clínicas más exitosas.
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