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En el avanzado campo de la fotomedicina, la dicotomía entre la reparación tisular localizada y la modulación fisiológica sistémica define el panorama terapéutico moderno. Para el clínico experimentado, el conjunto de herramientas se ha ampliado mucho más allá de los primeros días de los punteros de bajo nivel. Hoy en día, operamos en una era dominada por Terapia láser de alta intensidad (HILT) para la reconstrucción musculoesquelética y la emergente y sofisticada aplicación de Terapia láser intravenosa (ILIB) para la optimización hemorreológica. Este artículo pretende deconstruir estas modalidades, yendo más allá de las definiciones básicas para explorar los imperativos fisiológicos, las consideraciones económicas y los protocolos clínicos específicos que definen el éxito tanto en medicina humana como veterinaria.
Para comprender la necesidad de Terapia láser de alta intensidad, En primer lugar, hay que abordar las limitaciones de la fotobiomodulación tradicional. La ley de Beer-Lambert dicta que la intensidad de la luz decae exponencialmente a medida que atraviesa el tejido biológico. Los coeficientes de dispersión en la dermis y la grasa subcutánea son elevados. Por lo tanto, la administración de una dosis de “disparo fotoquímico” (normalmente de 4 a 6 julios/cm²) a una estructura de 5 cm de profundidad, como el acetábulo humano o la articulación de la cadera de un gran canino, requiere una densidad de potencia superficial que la terapia láser de baja intensidad (TLBI) no puede proporcionar en un plazo razonable.

Los sistemas HILT (Clase IV) suelen funcionar entre 10 y 30 vatios. Esta potencia no se limita a “añadir más luz”, sino que altera el perfil de interacción.
En la práctica veterinaria, la terminología confunde a menudo la modalidad. Lo que el dueño de una mascota compra en línea como terapia con luz roja para perros suele ser una envoltura LED de baja irradiancia que utiliza el espectro de 630-660 nm. Aunque son eficaces para heridas superficiales o para el cuidado postoperatorio de incisiones, estos dispositivos carecen de la penetración física necesaria para patologías ortopédicas.
Para afecciones como la displasia de cadera, la artrosis de rodilla o la enfermedad del disco intervertebral (IVDD), la HILT clínica es el estándar. La “luz roja” de 630 nm es absorbida casi en su totalidad por la melanina de los folículos pilosos y la piel del perro. En cambio, un dispositivo HILT clínico que utiliza longitudes de onda de 810 nm, 980 nm y 1064 nm evita esta barrera de melanina para llegar al periostio.
Distinción clínica:
Mientras que la HILT se dirige a la lesión específica, Terapia láser intravenosa (a menudo denominada ILIB o irradiación láser intravascular de la sangre) se dirige al medio de transporte: la propia sangre. Esta técnica, pionera en la Unión Soviética y perfeccionada en Alemania, consiste en insertar un catéter de fibra óptica especializado en una vena periférica (normalmente la vena cubital media) para irradiar directamente las células sanguíneas circulantes.
La adquisición de estas tecnologías avanzadas representa un importante gasto de capital, lo que lleva a la inevitable pregunta de coste de la terapia con láser de tejido profundo eficacia.
El precio de un sistema láser de clase IV para uso médico depende de la calidad del diodo, la arquitectura de refrigeración (fundamental para mantener una potencia estable a más de 20 W) y la precisión óptica.
Para una clínica, el retorno de la inversión se basa en la reducción del tiempo de intervención en comparación con la terapia manual y en la capacidad de tratar afecciones que, de otro modo, serían refractarias a los fármacos. Si una clínica trata diariamente a 5 pacientes con dolor crónico con HILT, el dispositivo suele amortizarse en 4-6 meses. Sin embargo, el valor oculto reside en la retención de pacientes: tratar el dolor de espalda crónico “intratable” o la neuropatía diabética crea un motor de derivación que las modalidades estándar no pueden igualar.
Este estudio de caso ilustra la sinergia entre la HILT local y la ILIB sistémica en una patología humana compleja. Esto demuestra que estas modalidades no son mutuamente excluyentes, sino que pueden integrarse para obtener resultados superiores.
La patología tiene dos capas: estancamiento microvascular sistémico que causa hipoxia nerviosa y fallo tisular local que impide el cierre de la úlcera.
| Modalidad | Láser intravenoso (ILIB) | Láser de alta intensidad (HILT) |
| Objetivo | Vena cubital mediana (sangre sistémica) | Superficie plantar y columna lumbar |
| Longitud de onda | 632,8 nm (Rojo) | 980 nm (Primario) + 810 nm (Secundario) |
| Potencia | 2,5 mW (nivel bajo, continuo) | 12 vatios (nivel alto, pulsado) |
| Duración | 60 minutos | 8 minutos por pie |
| Frecuencia | Una vez al día durante 10 días | Cada 48 horas |
| Mecanismo | Mejorar la deformabilidad de los eritrocitos | Vasodilatación y síntesis de ATP |
La combinación de terapia láser intravenosa para abordar la hemorreología sistémica y terapia láser de alta intensidad para impulsar el metabolismo celular local consiguió lo que meses de tratamiento tópico de las heridas no pudieron. La sinergia sugiere que, en el caso de las enfermedades metabólicas, el tratamiento local por sí solo suele ser una batalla perdida contra la isquemia sistémica.
Para el director médico o el comprador clínico, distinguir entre el ruido del marketing y la utilidad clínica es primordial.
A la hora de evaluar los equipos para terapia con luz roja para perros, busque sistemas de clase IV que ofrezcan piezas de mano “ampliables”. Usted necesita la capacidad de tratar un granuloma de lamedura de 1 cm y una región de cadera de 15 cm de ancho sin cambiar las lentes. El software debe tener algoritmos preestablecidos para el color del pelaje a fin de evitar lesiones térmicas.
Hay que centrarse en la potencia máxima y la versatilidad de la longitud de onda. Un dispositivo capaz de terapia láser de alta intensidad debe soportar una gestión térmica robusta. Si un dispositivo se sobrecalienta tras 10 minutos de potencia de 20 W, no es apto para una clínica de gran actividad. Además, hay que tener en cuenta coste de la terapia con láser de tejido profundo no sólo como precio de compra, sino como coste por fotón suministrado. Un dispositivo de mayor potencia administra la dosis terapéutica más rápidamente, lo que permite un mayor rendimiento de pacientes.
El futuro de la fotomedicina reside en la hibridación de longitudes de onda y métodos de administración. Nos estamos acercando a un tratamiento estándar en el que un paciente puede recibir estimulación magnética de alta intensidad combinada con terapia láser, o en el que el ILIB se utiliza profilácticamente en pacientes cardíacos preoperatorios para reducir la lesión por reperfusión.
Como fabricantes y clínicos, nuestra responsabilidad es atenernos a una estricta verosimilitud biológica. Tanto si se trata a un atleta canino como a un anciano diabético, el fotón es el fármaco. La dosis, el método de administración (IV frente a HILT) y la longitud de onda determinan el resultado. Al dominar estas variables, elevamos la terapia láser de un tratamiento “alternativo” a una intervención médica primaria.
P1: ¿Es dolorosa la terapia con láser de alta intensidad (HILT)?
No. Aunque suministra una energía importante, el tratamiento se administra para crear un calor relajante. La “alta intensidad” se refiere a la densidad de fotones, no a una quemadura térmica dolorosa. Los pacientes suelen notar un alivio inmediato durante la sesión gracias al bloqueo térmico de los nervios del dolor.
P2: ¿Qué diferencia hay entre la ILIB y la irradiación externa de la sangre?
La terapia láser intravenosa (ILIB) administra la luz directamente en la vena a través de un catéter, lo que garantiza que 100% de la energía interactúe con la sangre sin barreras cutáneas. La irradiación externa (sobre la muñeca) pierde mucha energía en la piel y es mucho menos eficaz para la modulación sistémica.
P3: ¿Es la ‘terapia con luz roja para perros’ lo mismo que utilizan los veterinarios?
En general, no. Los dispositivos caseros (“Luz Roja”) son LED de baja potencia destinados a problemas superficiales. Los veterinarios utilizan láseres de alta potencia (Clase IV) que penetran profundamente en las articulaciones y la columna vertebral. Aunque los aparatos domésticos son seguros, no pueden replicar la reparación profunda de tejidos de los equipos profesionales.
P4: ¿Cuántas sesiones de ILIB se necesitan?
Un ciclo estándar para afecciones crónicas (como diabetes, trastornos autoinmunitarios o fatiga crónica) suele consistir en 10 sesiones diarias de 60 minutos cada una. Este “ciclo” puede repetirse cada 6 o 12 meses, en función de los análisis de sangre del paciente y de la recurrencia de los síntomas.
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