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En el entorno de alto riesgo de la medicina deportiva veterinaria y la cirugía ortopédica, el margen entre una recuperación satisfactoria y una discapacidad crónica a menudo depende de la capacidad de modular la inflamación a nivel celular. Como especialista clínico con veinte años de experiencia en la aplicación de láseres médicos, he sido testigo de la transición de tratamiento láser para caninos pasar de ser un complemento experimental a un requisito fisiológico fundamental. Sin embargo, el reto sigue siendo la incomprensión generalizada de la relación “dosis-respuesta”, un concepto que determina si un tratamiento es transformador o meramente subterapéutico.
Para lograr resultados clínicos coherentes, debemos ir más allá de la aplicación genérica de la luz y adoptar un enfoque “farmacológico” de la fotónica. Del mismo modo que un clínico no prescribiría una dosis aleatoria de un antibiótico, no podemos aplicar terapia láser para mascotas sin una comprensión rigurosa de los julios, los vatios y los coeficientes de absorción específicos del tejido objetivo. Este artículo examina la cinética avanzada de la interacción de la luz dentro del cuerpo canino y por qué la selección de frío terapia láser dispositivos-o sus homólogos de alta intensidad- debe ser una decisión basada en datos.
El principio más importante de la fotobiomodulación (PBM) es la Ley de Arndt-Schulz. Esta ley establece que existe un “punto óptimo” para la estimulación celular. Si la energía suministrada es demasiado baja, no se produce ningún efecto biológico. Si es demasiado alta, puede inhibir la cicatrización o causar daños en los tejidos.
Para el profesional moderno, esto significa que “más” no siempre es “mejor”, pero “no lo suficiente” es la razón más común del fracaso clínico. Cuando se utilizan aparatos de terapia con láser frío, El principal riesgo es caer en la zona “sin efecto”, sobre todo cuando se tratan estructuras profundas como el músculo iliopsoas o la articulación coxofemoral. Para superar la dispersión y absorción naturales de la capa de pelo y la piel caninas, se requiere una “dosis de entrada” significativa para garantizar que la “dosis residual” que llega a las mitocondrias se encuentre dentro de la ventana estimuladora.
Una frontera creciente en la atención veterinaria es la integración de terapia láser quiropráctica. No se trata simplemente del uso simultáneo de dos tratamientos; es un puente biomecánico. La disfunción de la columna vertebral en los caninos, como la enfermedad del disco intervertebral (IVDD) o la espondilosis, crea un ciclo de dolor, protección muscular y restricción de la movilidad articular.
Al aplicar terapia láser dirigida a la musculatura paraespinal y a los ganglios de la raíz dorsal antes de un ajuste quiropráctico, inducimos un estado de “analgesia premanipulativa”. Esto reduce la hipertonicidad de los músculos que, de otro modo, se resistirían al ajuste. Además, el láser aumenta la producción local de trifosfato de adenosina (ATP), proporcionando a las células la energía necesaria para mantener la nueva alineación corregida de los segmentos vertebrales. Esta sinergia representa el pináculo de la lógica rehabilitadora no invasiva: el láser trata la química, mientras que el ajuste quiropráctico trata la geometría.

Para comprender todo el espectro de la gestión moderna de las relaciones con los clientes, debemos integrar tres conceptos técnicos fundamentales: Mitigación del enfriamiento fotónico, Eficacia de orientación de los cromóforosy Flujo de energía transdérmica.
Esto implica el uso de láser pulsado para permitir la “relajación térmica” del tejido. Al pulsar el rayo láser a frecuencias específicas (Hz), podemos suministrar picos de potencia elevados -necesarios para una penetración profunda- sin provocar una acumulación de calor que provoque un apagamiento fotónico o molestias en el tejido.
Los diferentes tejidos tienen diferentes moléculas “diana” (cromóforos). Mientras que la citocromo C oxidasa es el objetivo principal para la producción de ATP, la hemoglobina y el agua también desempeñan un papel. El uso de múltiples longitudes de onda permite al médico tratar la inflamación en la sangre (980 nm) y, al mismo tiempo, estimular la reparación mitocondrial en el cartílago (810 nm).
Se refiere a la velocidad a la que los fotones atraviesan la barrera cutánea. Los sistemas de alta intensidad proporcionan un mayor “flujo”, lo que significa que llegan más fotones a la zona objetivo en menos tiempo, algo esencial para gestionar los entornos de gran volumen de pacientes de los hospitales veterinarios modernos.
Este estudio de caso demuestra el uso de la alta terapia láser para mascotas en la gestión de una recuperación quirúrgica compleja.
Antecedentes del paciente
Estado del diagnóstico
A las 72 horas del postoperatorio, el paciente presentaba cojera de grado IV, hematomas significativos (equimosis) alrededor de la zona quirúrgica y una respuesta reducida de la pata trasera, lo que indicaba un compromiso neurológico.
Parámetros de tratamiento (protocolo láser multietapa)
El equipo clínico aplicó un protocolo de doble fase utilizando un sistema de alta intensidad para abordar tanto la cicatrización ósea como la regeneración nerviosa.
| Fase | Tejido diana | Longitud de onda | Potencia/Frecuencia | Dosis (julios) |
| Fase 1: Antiinflamatorio | Incisión quirúrgica y tejidos blandos | 980 nm | 6 vatios, continuo | 800 J |
| Fase 2: Reparación ósea y nerviosa | Osteotomía tibial y nervio peroneo | 810nm | 12 vatios, pulsado (50 Hz) | 2,200 J |
| Fase 3: Apoyo miofascial | Cadera y región lumbar ipsilateral | 810/980 nm | 15 vatios, exploración | 1,500 J |
Proceso de recuperación y resultados
Conclusión clínica
En este caso, un láser frío estándar para perros probablemente habría sido insuficiente para penetrar la importante inflamación postoperatoria y alcanzar el nervio peroneo y el hueso tibial. El uso del tratamiento con láser de alta intensidad para caninos permitió una dosis de 10-12 J/cm2 a una profundidad de 4 cm, que fue el catalizador de la recuperación tanto neurológica como ortopédica.
La “ventana óptica” del tejido canino se encuentra donde la absorción de la luz por el agua y la sangre es más baja, lo que permite que los fotones viajen a mayor profundidad.
La sinergia de estas dos longitudes de onda en la moderna terapia láser para mascotas garantiza que el profesional no se limite a tratar un síntoma, sino que proporcione el sustrato biológico para la remodelación tisular a largo plazo.
El término “láser frío” está desapareciendo poco a poco del discurso clínico de alto nivel en favor de “terapia de fotobiomodulación” (PBMT). Aunque el término original aparatos de terapia con láser frío (Clase 3b) demostró el concepto de que la luz puede curar, las exigencias de la clínica veterinaria moderna requieren sistemas de administración más eficaces.
Un láser de Clase 4 no es “caliente” en un sentido peligroso cuando se utiliza con una técnica de exploración adecuada; más bien es de “alta fluencia”. Esto permite al profesional tratar toda la columna vertebral de un perro de raza grande en 5 minutos, mientras que un dispositivo de clase 3b necesitaría 40 minutos para suministrar la misma densidad de energía. En la práctica clínica, el tiempo no es sólo dinero; el tiempo es la capacidad de tratar más zonas del cuerpo, como los grupos musculares compensatorios que a menudo se pasan por alto en los pacientes artrósicos.
P: ¿Puede utilizarse la terapia láser directamente sobre una placa quirúrgica o un fijador interno?
R: Sí. Una de las principales ventajas del tratamiento con láser para caninos sobre otras modalidades como el ultrasonido terapéutico es que la luz no calienta significativamente los implantes metálicos. La energía es reflejada o absorbida por el tejido blando y el hueso circundante, por lo que es seguro para los pacientes ortopédicos postoperatorios.
P: ¿Por qué es mejor “escanear” la pieza de mano que mantenerla quieta?
R: En la terapia de alta intensidad, la exploración evita la acumulación de calor en la melanina superficial de la piel. También garantiza que una “nube” mayor de fotones llegue a toda la estructura articular, incluidos los ligamentos y tendones que rodean la patología ósea primaria.
P: ¿Existe el riesgo de “sobredosificar” a un perro con láser?
R: Según la Ley de Arndt-Schulz, una dosificación excesiva puede conducir a una “meseta” o inhibición temporal de la cicatrización. Sin embargo, en un entorno clínico, la sobredosificación real es rara. El efecto secundario más común de una dosis alta es el letargo temporal, ya que el cuerpo redirige la energía hacia el procesamiento metabólico del “estallido curativo” desencadenado por el láser.
P: ¿Importa el color del pelaje del perro?
R: Por supuesto. Los pelajes más oscuros (negro o chocolate) absorben más luz en la superficie, lo que puede provocar un calentamiento rápido. Cuando se trata a perros de pelaje oscuro, los profesionales deben reducir la potencia, aumentar la velocidad de exploración o utilizar modos “superpulsados” para garantizar que la energía llegue a los tejidos profundos sin causar molestias en la superficie.
El futuro de tratamiento láser para caninos se define por el paso de la observación cualitativa a la prescripción cuantitativa. Al comprender la cinética de administración de las dosis y los requisitos biofísicos específicos de los distintos tipos de tejidos, podemos ofrecer un nivel de atención que reduce significativamente los tiempos de recuperación y mejora la calidad de vida de nuestros pacientes. Tanto si se utiliza como parte de terapia láser quiropráctica o como tratamiento independiente de lesiones neurológicas, los sistemas láser de calidad profesional son la clave para eludir las limitaciones de la farmacología tradicional.
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